Golden State Warriors: una sonrisa para dominarlos a todos

Esta es la segunda parte de una trilogía donde Andrés Monje y Pablo Mira hacemos un análisis previo de las Finales NBA 2015 entre los Golden State Warriors y los Cleveland Cavaliers. En la primera parte ya analizamos quiénes son los Cavs. En esta segunda parte trataremos a los Warriors, mientras que para cerrar la trilogía analizaremos qué esperar de estas Finales.

¡Que disfrutéis!

golden-state

Pablo Mira:

Es una jugada cualquiera de un partido cualquiera de los Warriors en su Oracle Arena cuando Steph Curry anota un triple tras bote con una mecánica tan rápida que no se sabe dónde acaba el dribbling y dónde empieza el tiro. En la jugada siguiente, Draymond Green fuerza el fallo rival, atrapa el rebote, cruza la pista y lanza un obús a una esquina donde Klay Thompson clava una suspensión inmaculada. Otra jugada más y Bogut tapona una penetración que cinco segundos después se convierte un mate de Harrison Barnes en la otra canasta.

8-0 de parcial en menos de un minuto, y tiempo muerto rival mientras el nivel de decibelios en el pandemonio del Oracle roza lo insoportable.

Los Warriors llevan haciendo esto todo el año. Alimentándose de parciales fulgurantes que revientan partidos y remontan desventajas en tres parpadeos. Y el envoltorio es tan atractivo, la sinergia creada tan contagiosa y el ritmo de juego tan hipnótico que a menudo se nos escapa una cosa: estos Warriors de 79 victorias y 18 derrotas, estos Warriors que han ganado 46 de sus 49 partidos como locales, estos Warriors con un balance de 54-0 en partidos donde consiguen 15 puntos de ventaja, estos Warriors de apariencia tan feliz e inocente podrían ser, de hecho, uno de los mejores equipos de baloncesto que hayamos podido disfrutar en los últimos 20 años.

Andrés Monje:

No hay equipo que represente tanto y tan bien el baloncesto de vanguardia como Golden State. Ningún otro combina ritmo, espacio y adaptabilidad, los tres pilares del juego moderno, al nivel del bloque de Steve Kerr. De ahí nace su dominio, muchos momentos tiránico. Ese cóctel de excelencia proyecta un conjunto sin punto de fuga aparente, salvajemente efectista y muy efectivo, casi demoledor, que además tiene la guinda de un jugador para el que no existe precedente. Que representa un fenómeno nuevo por sí mismo.

No es posible entender a los Warriors sin asociar los tres pilares citados, porque es justo el grado en el que conectan lo que hace especial la estructura. El denominado ‘ABC’ del juego (dominar pase, bote y tiro) alcanza un grado diferente con Golden State desde el momento en el que prácticamente todos sus activos en pista son capaces de ponerlo en práctica con éxito y, además, lograrlo intercambiando posiciones entre sí y a diferentes velocidades. Su sistema es en cierto modo un delirio evolutivo.

Los Warriors son muchas veces, un estado de ánimo. De felicidad, concretamente.

Los Warriors son muchas veces un estado de ánimo. De felicidad, concretamente.

Pablo:

Y aunque los focos apunten a la canasta que atacan, el baloncesto que desarrolla Golden State se alimenta de su defensa. Es de justicia recordar aquí que Steve Kerr heredó de su predecesor Mark Jackson uno de los tres mejores equipos defensivos de toda la NBA. Pero es igualmente justo enfatizar que Kerr ha conseguido amplificar aún más el potencial destructivo de dicha defensa, elevándola a ser la mejor de toda la liga con mucha diferencia.

Andrés:

Cierto. Golden State es, por encima de todo, una fuerza en su zona. Una trituradora. Cuenta con un abanico de recursos muy determinantes en esa esfera para el juego de hoy. Dispone de velocidad y tamaño en el perímetro, una llave defensiva (Green) en el puesto de mayor desequilibrio potencial (el de cuatro), un corrector interior dominante (Bogut) y un sistema solidario hasta el extremo, donde ya todas las piezas aportan, no existe eslabón frágil señalado.

Los Warriors tienen en Draymond Green un comodín a la hora de gestionar posibles desajustes atrás, sobre todo en un equipo que cambia permanentemente en bloqueos –incluso con interiores de por medio– y en el que las rotaciones defensivas reducen al mínimo las esquinas del rival. La cancha se ahoga, se hace estrecha, en un sistema capaz de sobrevivir incluso con el propio Green como ‘cinco’. Y totalmente dominante cuando puede conjugar a Draymond con Bogut, conduciendo al rival hacia la influencia del australiano cerca del aro.

Pablo:

Es que no hay pareja interior defensiva de mayor impacto que Green y Bogut en la NBA actual. Y esa falta de eslabones frágiles es una de las claves de la mejora defensiva de estos Warriors; si coges los minutos de David Lee, Steve Blake o Jordan Crawford el año pasado y se los das este año a Green o Livingston, la defensa seguramente mejorará.

Pero hay otra clave que tiene un componente mucho más táctico. Poner a Barnes de titular para sacar a Iguodala desde el banquillo ha hecho que la defensa de Golden State sea enormemente estable casi con independencia del quinteto en pista. El equipo táctico de Kerr ha sabido además aprovechar la polivalencia defensiva de sus exteriores al diseñar un esquema defensivo donde, como Andrés indica arriba, los jugadores realizan cambios de asignación tras bloqueo con relativa frecuencia.

Este plan de juego no solo altera el ataque rival sacándolo de su ritmo –los cambios defensivos suelen desembocar en acciones ofensivas más individuales– sino que también sirve de carburante para la mortal transición ofensiva de Golden State; cuando los Warriors salen al contrataque tras cambiar asignaciones defensivas los rivales a menudo encuentran al hombre al que debían marcar un segundo demasiado tarde.

Andrés:

Esa transición es uno de los puntos esenciales del entramado de Golden State, algo que les hace prácticamente únicos: consiguen unir al límite, casi hasta la simbiosis, la fase defensiva y la ofensiva. Es decir, el equipo controla ambas transiciones de un modo tan exagerado que es capaz de sostener todo un partido sin salir de ellas, de encontrar satisfacción en un permanente escenario de caos. Es un colectivo que jamás tuerce el gesto y difícilmente transmite dudas, cocina toda adrenalina hasta acabar produciendo endorfina.

En un contexto acelerado, de juego a muchas posesiones, Golden State resulta un bloque inabordable. Un laberinto del que no es posible salir con vida. Esta circunstancia tiene un efecto tangible, el modo en el que asesta al rival parciales salvajes en muy poco tiempo; y otro que se guarda en el subconsciente, el temor de que en cualquier momento eso puede suceder. Ante los Warriors cualquier diferencia a favor vale menos y cualquier desventaja pesa más. Porque reventar partidos es algo que comienza en el juego pero acaba en la mente, en el desquicie del oponente.

Sin embargo si el conjunto de Kerr es verdaderamente dominante es por haber aprendido a imponerse asimismo en todas las situaciones a media pista. Y, al contrario de lo que pueda sugerir su vértigo, lo hace principalmente en las defensivas.

Uno de los puntos más diferenciales de su estructura defensiva es lo eficiente que se muestra para ser tan agresiva. Es decir, cualquier circunstancia que pueda acabar suponiendo una toma de decisión precipitada del rival y, como consecuencia, alimentar el ritmo (lanzar un dos contra uno, hacer ayudas largas o amenazar líneas de pase) va a ser buscada por Golden State. Por inercia. Pero, a la vez, el nivel de cohesión del bloque logra reducir los daños cerca del aro incluso en esas circunstancias. Muchas veces es como si ni siquiera existiese un lado débil de la defensa, el acordeón es verdaderamente asombroso.

Curry mete un triple. El Oracle se vuelve loco. Otro día en la oficina.

Curry mete un triple. El Oracle se vuelve loco. Otro día en la oficina.

Pablo:

Otro factor de la mejora defensiva de Golden State es principalmente evolutivo y tiene los nombres de Stephen Curry y Draymond Green. Respondiendo al reto lanzado por Kerr, esta temporada hemos visto al mejor Curry en defensa de siempre, minimizando los despistes, aumentando su volumen de trabajo y usando su absurda coordinación ojo-mano para robar un número indecente de balones. Curry no es un defensor de élite, pero que el eslabón débil defensivo de los Warriors se haya fortalecido tanto tiene un efecto muy positivo en el contexto global del equipo.

Mientras, Green se convirtió en la navaja suiza perfecta para el sistema defensivo de Golden State. Green es capaz de defender al poste, contener penetraciones por el exterior, taponar, robar balones y sacar personales en ataque, al tiempo que lidera verbalmente la defensa del equipo.

Andrés:

Es tremendo, Pablo. Para mí Draymond Green es, desde un punto de vista estructural y a nivel global, el segundo jugador más importante de Golden State. Un factor desequilibrante para el éxito colectivo. De hecho estos Playoffs su presencia en pista es, con mucha diferencia, la más determinante por impacto. Green es el único jugador de los Warriors cuya ausencia en pista va acompañada de parciales negativos. Siendo además estos significativos, ya que sin él su equipo está siendo nueve puntos (por cien posesiones) peor que el adversario.

Sin siquiera acudir al elemento emocional, que le convierte en un líder y contagia lenguaje corporal competitivo, el juego afirma con Green que la plenitud del secundario muestra en realidad otra estrella. Depredador en la actitud y brillante en la lectura de situaciones, no hay situación para la que no tenga respuesta. Es un plan B por sí mismo.

Pablo:

Por todo esto, la defensa de Golden State es la mejor del mundo. Pero si hay un aspecto donde los Warriors han mejorado realmente, donde la mano de Kerr se ha hecho notar con mayor trascendencia, es en su sistema de ataque.

Golden State tiene en Curry, Iguodala, Green, Bogut y Lee a una colección de pasadores de élite en sus posiciones respectivas, pero hasta este año el esquema ofensivo Warrior estaba fuertemente enfocado hacia la figura de Curry como conductor de balón, lo cual lo hacía bastante previsible. Kerr ha predicado un mayor movimiento de balón, ha dotado de libertad de creación a Green, y ha colocado a Iguodala como generador primario en unidades de banquillo. Los resultados han sido espectaculares. Los Warriors están en el Top 2 de la liga en casi cualquier apartado que mencione la palabra “asistencia“, y sus números de efectividad ofensiva total les han catapultado hasta el segundo puesto entre los ataques NBA, sólo una décima por debajo de los Clippers.

Andrés:

Y no solo es que sea en ataque donde mayor evolución ha tenido el equipo este curso. Lo más aterrador es que justo ahí es donde mayor margen de progresión existe. El sistema que Kerr planteó desde su llegada bebía de la carga teórica de estructuras como el Triángulo Ofensivo de Winter y la Spurs Motion Weak de Popovich. Es decir, sistemas que guardan en común un considerable margen creativo, permisividad en la toma de decisiones del jugador más allá de la orden táctica. Toda una declaración de intenciones.

Como dice Pablo, Golden State ha buscado todo el curso ser un equipo que abandone el aclarado de Stephen Curry, toda dependencia individual, a favor de un flujo de movimiento con y sin balón, amparado en la gran inteligencia en pista (IQ) de gran parte de la rotación. Muchos más roles teniendo importancia y participando tanto de la creación como de la ejecución.

La apuesta era ambiciosa pero está siendo un éxito. Se han construido diferentes combinaciones de jugadores que pasan por encima del rival como rutina, tanto con grandes como con pequeños, y el factor más problemático, el impacto de la rotación al sentar a Curry, no ha dejado de crecer en momentos clave, generando un equipo no sólo dominante sino profundo. Shaun Livingston, por ejemplo, llega a las Finales en el mejor momento de la temporada.

Resulta casi conmovedor seguir el despliegue de un equipo que jugando tan rápido y permitiendo tal grado de improvisación reduce de esa forma el error. Porque es precisamente a medida que más puede Kerr imponer con éxito el quinteto con Green como cinco, el más vertiginoso de todos, cuando más se abraza su equipo al futuro.

Draymond Green suma en todo lo que creas posible. Y lo imposible también.

Draymond Green suma en todo lo que creas posible. Y lo imposible también.

Pablo:

En este desarrollo que Andrés explica hay varios aspectos clave. Por ejemplo, el crecimiento de Klay Thompson tanto en efectividad de tiro como en generación de juego poniendo el balón en el suelo. Klay ya era un gran escolta la pasada temporada, pero su rápida ascensión a All-Star y miembro de un quinteto ideal NBA no era fácil de prever. Por otro lado, el ya mencionado cambio de Harrison Barnes por Iguodala en el quinteto titular ha tenido un efecto brutal en Barnes. Liberado de su responsabilidad de liderar la segunda unidad Warrior, Barnes ha encontrado mejores tiros dentro de un juego más fluido, y sus porcentajes han mejorado hasta niveles casi de élite.

El espaciado ofensivo que Barnes y Green generan, unido a la capacidad de ambos de aguantar defensivamente ante rivales más grandes, han hecho que los formatos smallball de Golden State con Harrison de cuatro y Draymond de cinco hayan sido casi imparables a lo largo de todo el año.

Andrés:

Algo muy interesante del ataque de Golden State es cómo funciona por tramos, se puede dividir en dos fases. La primera es la oportunidad de transición clara, donde hay más espacio y Stephen Curry tiene una cuota de libertad total. Él decide. Si encuentra cierto desequilibrio, individual o colectivo –y lo suele hacer-, lo castiga sin piedad. La segunda fase tiene lugar cuando no se puede aprovechar esa opción inmediata de transición, es decir aproximadamente a partir del segundo ocho o diez del ataque.

En esos escenarios Golden State cambia el vértigo por el orden y hace muy bien tres cosas. La primera, abrir la pista al máximo, más que para ejecutar para generar la amenaza de poder hacerlo. La segunda, involucrar a Curry o Thompson en situaciones de pick’n’roll’ con interiores -especialmente con Green-, lo que genera situaciones en el que se puede aprovechar la ventaja por cualquier sitio (todos los que juegan la acción dominan el pase/bote/tiro). Y la tercera, desocupar la zona restringida (ni un solo jugador parado cerca del aro) para favorecer el movimiento sin balón a la hora de ejecutar.

Los Warriors son una máquina de producir puntos porque son magistrales en la primera fase ofensiva (equipo que más anota al contraataque en la fase final), en la que no hay nada ni siquiera parecido a Curry, pero también porque son muy productivos a media pista. Casi por decreto inundan la pista de jugadores con gran rango de tiro, muy veloces mentalmente y nada egoístas en su acción.

Una defensa dominante, un ataque salvaje, un estilo atractivo. Great job, Steve Kerr.

Una defensa dominante, un ataque salvaje, un estilo atractivo. Great job, Steve Kerr.

Pablo:

Y es que, irónicamente, este contexto mucho más coral y simétrico ha conseguido que el potencial de destrucción ofensiva de Steph Curry se multiplique. Como Zach Lowe suele decir, Curry es un glitch en el sistema táctico NBA; las defensas no están preparadas para un jugador que anota de manera consistente triples punteados tras bote desde 8 metros y medio, y que al mismo tiempo pueda desmantelarlas penetrando hasta el aro. Y este año la estrategia clásica de doblar el marcaje a Curry tras pick&roll ha dejado de ser efectiva debido a la mayor fluidez ofensiva del equipo. Que los Warriors circulen la pelota ante ese tipo de defensas agresivas a menudo deja a Green o Bogut con el balón en una situación de ventaja de 4 atacantes contra 3 defensores, y los hombres altos de Golden State son muy inteligentes a la hora de encontrar y ejecutar la mejor opción en esos contextos.

Las defensas rivales tienen aún recursos para intentar parar los pick&rolls altos de Curry –por ejemplo, pueden cambiar asignación en el bloqueo, o bien el hombre alto hacer una defensa flash y recuperar rápidamente a su hombre– pero contra Curry cada estrategia tiene sus puntos débiles, y los errores de coordinación se suelen pagar con 3 puntos recibidos. Esta situación pone una presión sobre la defensa que, incluso cuando Curry no está directamente involucrado en la jugada, el resto de jugadores de Golden State puede aprovechar.

Andrés:

Si es que por si la defensa más eficiente del planeta, un sistema ofensivo moderno, talento abundante y compromiso total resultasen poco… los Warriors tienen a Stephen Curry. Con él sucede un fenómeno llamativo y contra natura, a medida que más se le ve jugar más complejo resulta definirle. Curry es un juego por sí mismo dentro del propio juego. Pero lo más esencial con él es su capacidad de generar estados colectivos de trance.

La esfera de influencia del actual MVP es justamente esa. No es sólo un prodigio individual, con una mezcla de condiciones jamás vista en la historia a esos niveles, es que además inocula el germen dominante a su alrededor. Nunca sabes cuándo puede prender la llama. Sólo conoces que una vez lo haga y contagie al resto no habrá modo de no acabar ardiendo.

Los Warriors han demostrado, hasta este momento, ser uno de los equipos más dominantes que hayan competido en la NBA en una sola temporada. A ese nivel está su curso y con esa etiqueta llegan al momento cumbre del año. Poniendo de acuerdo a ojo y estadística como pocas veces antes, presentando una de las propuestas más abrumadoras que se hayan contemplado nunca a las puertas de las Finales.

Una obra de verdad temible, tan histórica como hambrienta.

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3 thoughts on “Golden State Warriors: una sonrisa para dominarlos a todos

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