España y el Mundial: no todo era mentira

Es curioso cómo funciona la memoria humana. En los minutos posteriores a un evento eres capaz de recordar con precisión casi cualquier detalle de lo que acabas de vivir. A los pocos días la mayoría de los recuerdos están nublados, pero hay unos pocos, aquellos que más impacto te produjeron, que sobresalen. Cuando pasan meses o años sólo nos quedan algunos flashes a partir de los que reconstruir lo que pasó. Unos flashes que, a menudo, ni siquiera sucedieron como los recordamos.

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Por eso es importante aclarar algunas cosas sobre la derrota de España ante Francia en los cuartos de final del Mundial de España 2014 (“nuestro” Mundial) antes de que nuestro cerebro mezcle lo que realmente sucedió con lo que soñamos la noche siguiente, con la película que fuimos a ver al cine o con lo que leímos que alguien escribió y se nos quedó grabado.

La realidad es que éramos mejores que Francia. De hecho, éramos mucho mejores que Francia. De hecho, éramos mucho mejores que cualquier selección del Mundial excepto la estadounidense. Y de hecho existía una posibilidad legítima de poner en apuros a esta selección USA, e incluso quizás, vete tú a saber, ojalá, ganarles. El mismísimo Zach Lowe expresaba esta realidad unos días antes del choque contra Francia, diciendo que no había visto a ningún equipo del Mundial capaz de ganar, no ya a Estados Unidos, sino ni siquiera a España.

¿Qué sucedió entonces?

Simple y llanamente, una de las mayores sorpresas que el baloncesto de selecciones FIBA haya visto en los últimos 20 años. Nada de esto era inevitable. Nada de esto se veía venir de modo racional. No, al menos, si tomamos como única fuente de información lo que habíamos podido ver sobre la pista durante este año y los anteriores.

Que la Selección tenía problemas de diseño era indiscutible. Nuestra rotación de escoltas y aleros se reducía a Navarro y Rudy. Teníamos 4 bases de gran calidad para un juego donde hay un solo balón. Pau y Marc no poseen el nivel atlético de otros interiores más móviles. Nuestro tiro exterior se mostraba inconsistente hasta la desesperación, y nuestra defensa tendía a relajarse varios minutos cada partido y conceder alguna canasta fácil. Pero todos estos problemas eran menores. El equipo mostraba una mezcla de cohesión y talento muy superior al resto de equipos. Eran capaces de reventar los partidos tanto en defensa como en ataque. Tanto corriendo como en estático. Tanto robando balones como cerrando el aro propio y neutralizando a la estrella rival. Hasta los grandes equipos tienen debilidades, y el nuestro no era una excepción.

Por las mismas razones, estaba claro cómo se nos podía complicar un partido. Uno de esos demasiado frecuentes días malos desde el triple que como efecto colateral matase nuestro espaciado ofensivo. O un frontcourt rival atlético que, como hizo Senegal, atacase el rebote ofensivo y no permitiese nuestras mortales transiciones. O un día malo simultáneo de dos o tres de nuestros jugadores clave. O una lesión de Pau. O una mala gestión de la brutal presión que este equipo tenía por ganar en casa, en quizás el último campeonato de Pau o Navarro. Y es que el recuerdo del Europeo de 2007 siempre estuvo en nuestras mentes.

España podía sobrevivir a una de esas complicaciones. Incluso a dos o tres simultáneas. Lo que no pudo es sobrevivir a una increíble yuxtaposición de todas esas circunstancias. Tan increíble que Francia ni siquiera tuvo que realizar un partido excelente para ganarnos. Jugaron mejor que nosotros en ambas canastas, compitieron a muerte y finiquitaron maravillosamente un final apretado. Pero, increíblemente dado nuestro estado ese día, no nos pasaron por encima. Francia nos puso sobre la barra de equilibrio, nos hizo mirar hacia abajo y nos susurró “cuidado, no te caigas”. Del resto nos encargamos nosotros, tanto antes como durante el partido. A fin de cuentas, eso de perder en cuartos de final contra un equipo que viste camisetas con mangas tiene un toque hipster irresistible.

Hay, no obstante, una objeción crucial a esta historia de la tormenta perfecta de sucesos, de la serie de catastróficas desdichas que culminaron en nuestra derrota. Y es que, por utilizar un término matemático, los anteriores no fueron sucesos aleatorios estadísticamente independientes. Pero para apreciar esto es necesario salir de lo que se vio en la pista.

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Tradicionalmente, el baloncesto en Europa ha sido dominado por la figura del entrenador, a diferencia de la NBA donde la figura clave es la del jugador. Hace años los jugadores de la selección española decidieron salirse radicalmente del modelo europeo. Estaban encantados de renunciar a sus vacaciones por defender los colores de España, pero ese par de meses veraniegos tendrían que desarrollarse según sus términos. Ni hablar de un entrenador de corte duro que plantease entrenamientos de la máxima exigencia, con sistemas nuevos a los que ellos no están acostumbrados. A fin de cuentas, son los jugadores quienes deben planificar su forma física para toda la temporada, no sólo para este campeonato.

Jugar con el equipo que paga tu sueldo son las lentejas, mientras que jugar con España es el postre. Si lo quieres lo tomas, y si no haces como Joakim Noah con Francia y pasas. Así que más vale que el postre sea dulce (al leer esto Ibaka asiente enfáticamente).

El modelo tiene sentido sobre el papel, pero sólo y estrictamente por las peculiaridades de la actual plantilla española. Una plantilla que ha competido unida en mil batallas, alcanzando el éxito en casi todas. No obstante, al igual que poner a estos jugadores bajo el régimen estricto que siguen otras selecciones era arriesgado, el camino emprendido no dejaba de tener sus riesgos. Juanma Iturriaga lo dijo perfectamente en su blog de El País: “el modelo no era perfecto”.

Y la mayor imperfección del modelo estaba en la propia figura del entrenador. En el riesgo de minimizar la importancia de una de las piezas claves de cualquier éxito de un equipo de baloncesto.

Analizar la labor de un entrenador es un campo de minas, pues la valoración de su desempeño está ligado de mil maneras a cómo los jugadores actúen en la pista. Hay decisiones tácticas o rotaciones que pueden salir bien o mal dependiendo más del jugador que del propio entrenador. Y a los que vemos los partidos desde fuera siempre nos falta el contexto de lo que sucede realmente en el seno de la plantilla. Simplemente, por lo general no disponemos de los datos suficientes para separar la valoración del entrenador de la de los jugadores. ¿Es culpa de Orenga que sus jugadores se comiesen hasta 6 canastas entre puertas atrás y cortes por línea de fondo? ¿O que Francia pasase gran parte del partido cogiendo la mitad de los rebotes que escupía el aro español? ¿O que Sergio Rodríguez no haya sido ni la sombra del jugador que ganó el MVP de la Euroliga? Puede, pero como mucho sólo será una culpa parcial.

También hay que decir que España tenía a menudo indicios de estar decentemente entrenada. Las salidas de Llull durante unos pocos minutos al inicio de la segunda parte eran una idea brillante que de hecho funcionaba bien. El sistema de ataque maximizaba perfectamente la doble amenaza que suponen los hermanos Gasol en los postes alto y bajo. Y disponían de una cierta batería de jugadas ensayadas. Por ejemplo, el segundo cuarto del partido contra Francia en la fase de grupos empezó con un triple de Navarro tras una maravillosa ejecución de un bloqueo doble tipo “puertas de ascensor” en un lateral, al más puro estilo Golden State Warriors.

Los comentarios anteriores vienen a ser la letra pequeña del medicamento, pero la realidad salta a la vista: esta España es uno de los equipos de élite peor entrenados que se hayan visto desde hace mucho tiempo. En casi todas las causas que se juntaron en la derrota española hay indicios que apuntan a Orenga: la lesión de Pau (sobrecargado de minutos irrelevantes e innecesarios), el horrible partido de Marc (¿cómo es posible que Marc juegue 30 minutos tras insinuarle a Orenga que no estaba anímicamente preparado tras ser padre ese mismo día?), la incomodidad de Ibaka, o de Calde, o de Sergio, o de Felipe (mala gestión de las capacidades de los jugadores). O la incapacidad de reacción, de contramedidas hacia lo que planteaba Francia. Porque seamos claros, no hay antídoto para un buen ataque si éste se realiza correctamente. Y por mucho que Francia hubiese estudiado al milímetro cómo juega España, el ataque es como las piezas blancas en el ajedrez: siempre mueve primero. Las soluciones están ahí, los jugadores las conocen y “sólo” hay que ejecutarlas. No es nada fácil hacerlo, pero son profesionales y se les puede pedir que lo hagan. Sin embargo España no movió ficha. Los sistemas ofensivos se realizaron sin convicción atenazados por la presión, el movimiento del balón y los jugadores se estancó y acabamos muriendo en darle el balón a Pau o Navarro y esperar que nos sacasen de esta como tantas otras veces han hecho.

Esta vez no fue posible. España no gestionó bien la presión de, como dijo Diaw, jugar para no perder mientras ellos jugaban para ganar. España subestimó al rival. Quizás no en las declaraciones ni en sus pensamientos racionales, pero sí en sus actos. El “no preparamos bien el partido” de Navarro tras la derrota era simplemente la confirmación de lo que llevábamos 40 minutos de juego intuyendo.

Éramos los estudiantes más brillantes de nuestra promoción. Habíamos sacado matrícula en situaciones más difíciles. Habíamos hecho todos los controles previos rozando la perfección. Y claro, nos relajamos. No estudiamos con la concentración que debíamos un examen que en teoría teníamos controlado. Y cuando el profesor fue a pillar y nos cambió las preguntas, nos quedamos a la izquierda del cinco que marcaba el aprobado. Por poco, pero a la izquierda.

Llegados aquí todo apunta nuevamente en la dirección de Orenga, pero el proyectil se ramifica como un castillo de fuegos artificiales. Porque en la gestión de un equipo hay una parte táctica pero hay otra humana, más psicológica, que tiene que ver con el respeto y autoridad que tengas sobre tus jugadores. Orenga, por la propia definición del método, es un “hombre de empresa” de la Federación Española de Baloncesto. Y más allá de las dudas sobre sus capacidades para gestionar a un equipo de primer nivel en situaciones de máxima exigencia (capacidades no probadas si queremos ser buenos, y empíricamente inexistentes si no queremos), parece claro que no tenía el rango de autoridad necesario para reconducir la situación en caso de que los jugadores no estuviesen lo suficientemente centrados en el crucial partido que aparecía por el horizonte.

Lo que este grupo ha hecho sin un entrenador que realmente les guíe es increíble, y habla de un nivel de madurez del grupo mucho más espectacular de lo que somos conscientes. Pero siendo las carencias en dicho puesto de entrenador por diseño y no por necesidad, la responsabilidad de los errores tácticos y de preparación de la derrota se ramifican hasta llegar a quienes impulsaron dicho diseño. En este caso, según parece, el presidente José Luis Sáez y los propios jugadores.

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Es más cómodo lidiar con la frustración y el desengaño diciendo que nada de esto era verdad. Que era un invento de la prensa. Que no éramos tan buenos. Que el olor de la derrota se apreciaba desde lejos. Que el ciclo de este equipo ya había acabado pero no lo sabíamos.

Es más cómodo, pero no corresponde a la realidad.

No confundamos el haber identificado nuestras debilidades como equipo, el haber intuido cómo podríamos perder un partido, con el hecho de tener razones racionales para creer que dicha derrota era inevitable. Ni siquiera que era muy probable.

Éramos mejores. Deberíamos haber ganado, pero perdimos con total justicia. Fracasamos, no por la mala suerte de jugar un mal partido sino porque nos lo buscamos.

Aceptémoslo. De este modo recordaremos nuestros errores cuando sea necesario.

 

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3 thoughts on “España y el Mundial: no todo era mentira

  1. Enhorabuena. Por fin alguien que dice las cosas meridianamente claras y no carga con la visión mayoritaria de culpables Orenga-Saez. Las culpas efectivamente son repartidas, pero…
    Para mí los jugadores son los mayores culpables (ojo, que también lo son de todos los éxitos logrados, no sólo de los fracasos). Son los mayores responsables por exigir e imponer un modelo de “lo que yo quiera”, de “entrenador-de-paja” para hacer lo que les viniera en gana. Sin exigencias ni físicas, ni técnicas, ni tácticas. Con concentraciones de risa, larguísimas giras de promoción ante rivales de chiste y mayoritariamente jugando en casa, preparación física ausente, entrenamientos voluntarios (¿?) totalmente desiertos, viajes a promociones personales y juergas cuando les apetezca, minutos de juego por decreto (que yo juego en NBA, oye!!), etc. Y eso que en el análisis no se entra en guerras internas ni “trapos sucios”, que haberlos los hay a montones…
    Creo que esto comenzó a raíz de ser campeones en 2006, donde los jugadores empezaron a creérselo demasiado, en líneas generales. Ya en el europeo de 2007, todavía con el añorado Pepu de seleccionador, se empezaron a ver algunos síntomas de estos males que no han hecho sino crecer a lo largo de los años. Valga como mero ejemplo la mala condición/planificación física, en la final contra Rusia España estaba literalmente fundida. También se perdió el último partido de primera fase ante Croacia, con una actitud de desgana infame como tónica general. Se vio que sólo con la calidad y con algo de automotivación cuando los jugadores quisieran no era suficiente. A veces para ganar hace falta algo más. Mucho más. Pero no aprendimos nada.
    A Orenga, ni está ni se le espera. Que no vale ni da la talla ya lo sabíamos, aunque eso no le exime de sus cuota de responsabilidad, ya sea por falta de actitud, de bemoles, o de aptitudes. Pero ante todo por falta de honestidad y amor propio, algo de lo que parece anda muy escaso. Con otros seleccionadores (Pepu, Aito y/o Scariolo) al menos la parte física y la defensa estaban medianamente bien preparadas, lo mínimo exigible, vaya… Amén de una mejor asignación de roles y rotación de jugadores, salvo la eterna promesa Claver que nunca juega y dudo si jugará con continuidad alguna vez. El ataque ya era otra historia, donde cada uno iba a su bola, a hacer sus números (y numeritos, verdad Rudy, Ricky, Chacho, Ibaka..???) y donde generalmente la calidad individual terminaba por imponerse. Pero claro, si algún entrenador osaba ponerse exigente, duro o intentaba imponer un mínimo de disciplina o sistemas de juego, entonces “rebelión a bordo” y, o te avienes a nuestras formas, o entrenador nuevo más dócil. Que le pregunten a Aito lo que se encontró al coger la selección para los JJOO de Pekin en 2008, que al primer día tenía a casi todos los jugadores en contra sólo por imponer un mínimo de disciplina y que fueran puntuales en las comidas. Y esa fue sólo la primera… Pepu tragó, poquito pero tragó, porque era más un padre que un entrenador, el grupo era jovencito, y los veteranos no tenían ese estatus de megaestrella de los de ahora. Aito quizás el que menos, por su propio carácter y porque tras los JJOO se iba a Unicaja y no lo tendrían que seguir aguantando. Scariolo tragó lo indecible. Lamentable la imagen de los tiempos muertos preguntando a los jugadores qué jugada querían hacer. Estos tres al menos preparaban los partidos y estudiaban a los rivales. Algo es algo. Pero lo de Orenga, de verdad que no tiene nombre. O sí, que cada uno le ponga el que crea más conveniente, pero decir que el ninguneo ha sido mayúsculo es quedarse pero que muy corto.
    Y por supuesto el presidente de la FEB, por consentirlo todo y darles además tantos caprichos. Por auspiciar un modelo donde prima lo económico y el marketing para hacer caja en lugar de lo deportivo, con convocatorias dictadas a dedo según sus intereses (quien no trague no viene, alguien dijo Mirotic?; o quien no “venda” no viene, verdad Rafa Mtz.?) y el núcleo duro de la selección con derecho a veto,entre otras cosas. Convenciendo a jugadores para ir a la selección a cambio de jugosas primas y de hacer lo que quisiesen, que mientras no se les moleste ni se les lleve la contraria seguirán viniendo y ganando por sí solos que para eso son los mejores. Y la FEB haciéndose de oro mientras tanto.
    Con todo lo que se ha ganado, que ha sido extraordinario, la pena es pensar lo que podría her sido. Un equipo, una selección de leyenda que todo el mundo recordara con admiración y respeto. Una etapa cerrada con notable alto, pero que pudo ser de matrícula. Ese regusto nos quedara por siempre.
    El modelo ha muerto. Quien más quien menos era consciente de que esto duraría hasta donde llegara esta excepcional generación de jugadores (la edad no perdona a nadie), o hasta que sobreviniera un gran y estrepitoso fracaso en lo deportivo. Y ambas cosas se han dado conjuntamente, en el peor momento y escenario posibles. Hasta aquí hemos llegado, se acabó.
    Toca cambiar, toca volver a lo conocido, a lo clásico. Se necesita un entrenador de verdad (me niego a llamarlo seleccionador porque eso es una persona que elige a los jugadores, nada más, y eso lo lleva haciendo Pepe Saez mucho tiempo ya). Un entrenador sólido, experimentado, exigente, pero sobre todo y por encima de todo, con total y absoluta libertad para trabajar en todos los ámbitos, desde la selección de jugadores, a la disciplina de grupo, preparación física, técnica y táctica, modelo de juego, etc. Si algún jugador no quiere ir a la selección bajo esas condiciones, allá ellos. Retratados han quedado muchos y otros quedarán a buen seguro. Al menos los que vayan lo harán convencidos, comprometidos con el grupo y el entrenador, y dispuestos a seguir sus premisas hasta el final. Escribo ésto y me acuerdo de Djordjevic, que en la concentración de Serbia previa al Mundial echó a un jugador por indisciplina. ¿Resultado? El equipo ha sido una piña a su alrededor, con el entrenador siendo el primero en dar la cara por sus jugadores y éstos dejándose la piel en la cancha. Eso es lo que necesita ahora mismo España. Luego tendremos éxito o no, eso depende de muchos factores, pero al menos las cosas se harán como deben. Y nadie podrá reprocharles nada.
    La figura del entrenador debe estar siempre por encima de los jugadores, por muy megaestrellas que sean. Incluso en la NBA. Ejemplos hay mil: desde Jordan que no ganó hasta que se plegó a los métodos de Phil Jackson; o los más recientes Spurs de Popovich, toda una constelación de maravillosos jugadores subordinados a una concepción del baloncesto en conjunto por encima de individualidades. Y viceversa: entrenadores regulares o directamente malos que han fracasado con equipos llamados al éxito (Miami, que de establecer una dinastía/tiranía ha pasado a ganar “solo” dos campeonatos, por no ir más allá).
    El futuro. Por calidad no será. Algunos jugadores de esta selección son todavía relativamente jóvenes, y son perfectamente válidos para torneos venideros. Los Rudy, Chacho, Marc Gasol, Ibaka… deben dar un paso al frente y tomar el rol de líderes del grupo que tanto se les ha demandado y por ahora no han cumplido. Junto a otros jóvenes que vienen empujando fuerte aseguran una continuidad en la calidad de la selección. De seguro que no con el nivel excelso que hemos tenido con los Gasol, Navarro y Calderón, sin olvidar a Felipe Reyes, Garbajosa o Jimenez, jugadores que van del muy difícil al imposible de sustituir. Pero sí debe darnos para estar al menos en esa terna de equipos que optan regularmente a semifinales o final de según qué campeonatos (es muy diferente un mundial, europeo o JJOO, no sólo por el número de selecciones participantes sino también por cuáles son esas selecciones). En definitiva, estar de manera más o menos asidua en la lucha por las medallas. Lo creo firmemente, estoy convencido de ello. Pero…
    Todo eso dependerá de las decisiones que se tomen estos próximos meses, y lamentablemente parece que todo está en manos de Pepe Saez y de nadie más: de si seguirá apostando por “su método FEB” o hará sustanciales y necesarios cambios. Ahí se va a decidir el futuro a corto y medio plazo de nuestro baloncesto. Decisiones da tal envergadura no deberían corresponder a una sola persona, más una que en su trayectoria parecen tener más peso las filias y fobias personales que los valores objetivos. Pero parece que es lo que nos ha tocado vivir. Que Dios nos coja confesados…
    Momento para conjeturar, adivinar o incluso apostar:
    1.- Cambiará la FEB “su modelo”??
    2.- Cambiará sólo de entrenador-paragolpes-hombre de paja?? Quién sería el nuevo “Hombre-FEB”, quizás Garbajosa o de nuevo Scariolo, como se rumorea??
    3.- Se contratará un entrenador de verdad?? Se le dejaría trabajar libremente?? Quién sería el mejor indicado??
    Como siempre, el tiempo nos dará la respuesta. Y por supuesto dará y quitará razones.
    Vosotros mismos.

  2. Lo de que los jugadores hacen lo que quieren no tiene mucho sentido después de ver que los “NBA” Claver, Calderon e Ibaka estaban descontentos, uno porque no juega nada, otro porque juega poco y no en su sitio y el otro porque juega menos de lo que quisiera y no rasca bola.
    ¿La culpa del modelo es compartida? Bueno
    Pero Orenga ni siquiera ha ejecutado el modelo correctamente, sobrecargó a Pau de minutos, y a Marc, incluso el día que insinuó que no estaba para jugar mucho, cabreó a Ibaka no indicando que se la pasaran más, puso a Calderon a jugar de escolta, no le dió minutos a Claver…. Si el propósito del plan era contentar a los “NBA” a fracasado estrepitosamente.

    Me ha gustado lo de las capacidades “empíricamente inexistentes” del entrenador, pero eso es ser amable. El entrenador no tiene capacidades para entrenar, ni sicológicas, ni es capaz de entender nada de nada. Cualquier aficionado lo hubiera hecho mejor. Me parece increíble que un tío tan incompetente haya acabado entrenando a esta selección porque una ineptitud en todos los aspectos tan grande tiene que quedar patente con una simple conversación.

    Conclusión: el entrenador es culpable y debería haber sido ya cesado y acto seguido
    el presidente debería dimitir. Sin duda

  3. Pingback: The Editing Gaiman Dream – Begoña Martínez

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