The Freaking Playoffs, Episodio 3: LeBron, calambres y ser un tipo duro

En la victoria de San Antonio sobre Miami en el Game 1 de las Finales NBA hubo varios factores. El principal, que los Spurs tuvieron una efectividad en el tiro matadora, lo que les llevó a anotar 110 puntos pese a perder el balón 23 veces. Los Spurs tiraron a canasta 68 veces (tiros libres aparte) y sacaron 93 puntos de dichos tiros; esto es, una media de 1.37 puntos por tiro intentado ante una defensa de élite. San Antonio clavó sus 6 últimos triples y 14 de sus últimos 16 lanzamientos para cerrar con un parcial de 31-9 un partido que estaba totalmente abierto a falta de dos minutos.

Hay cantantes de ópera con menos planta que Danny Green.

Hay cantantes de ópera con menos planta que Danny Green.

En ese último parcial ayudó mucho que LeBron James apenas jugó en los 7 últimos minutos del partido, aquejado de calambres. LeBron pidió el cambio, volvió a pista y, tras anotar una penetración, los calambres se multiplicaron hasta el punto de imposibilitarle andar. Ni siquiera podía doblar su pierna izquierda. Tras un par de minutos en el banquillo, James intentó volver al partido pero su entrenador Spoelstra le dijo “ni lo pienses”.

Este Game 1 se disputó en unas condiciones difíciles. El aire acondicionado del AT&T Center de San Antonio se rompió al inicio del primer cuarto, y eso afectó al juego. Los entrenadores cambiaron sus rotaciones habituales para adaptarse a la situación, y a los jugadores se les notaba algo más extenuados de lo que suele ser normal en partidos de intensidad máxima como este. Pero ciertamente, a quien más afectó fue a un LeBron que ha sufrido casos de calambres desde sus tiempos del instituto, y para quien la pérdida excesiva de líquido corporal por el sudor es especialmente problemática.

Hasta aquí, los hechos.

Pero claro, quizás esto es demasiado aburrido. Quizás no tengamos suficiente aliciente en todo lo que estas Finales NBA significan a nivel histórico, y necesitamos además atizar a LeBron por el tema de los calambres para que esto mole de verdad.

Habrá que decir que James estaba jugando bien (25 puntos en 33 minutos con 9/17 en tiros de campo, 2/3 en triples, 5/6 en tiros libres, más 6 rebotes, 3 asistencias y 3 robos). Las críticas, por tanto, no hacen referencia a su actuación, sino más bien a una yuxtaposición extraña entre el propio hecho de que LeBron tuviese calambres, y la realidad de que no volvió a la pista tras ellos en los últimos minutos.

Lo curioso es que dichas críticas se desmontan con facilidad. Veamos:

1) LeBron es un tío débil. Gente como Kobe o Jordan hubiesen vuelto a la pista aunque fuese cojos a ganar el partido

En la NBA hay toda una cultura establecida a la hora de enfrentarse al dolor y jugar aunque sea en condiciones limitadas. Kobe, Pierce o Jordan (por poner tres ejemplos) tienen un historial enorme afrontando dichas situaciones. Kobe ha jugado con dedos rotos en su mano de tiro, con esguinces de tobillo severas y otro sinfín de problemas, mostrando una tolerancia al dolor casi inhumana. De hecho, tras romperse el tendón de Aquiles el año pasado tuvo aún la actitud de anotar los dos tiros libres que le correspondían antes de salir del partido. ¿No podía LeBron haber hecho lo mismo?

Que qué es lo que tengo, que tengo de to.

Que qué es lo que tengo, que tengo de to.

La respuesta es que no. Un calambre fuerte no es una lesión normal. No es una cuestión de ser un tío duro y jugar con dolor, o limitado o con fiebre. Si tienes un calambre gordo en una pierna no puedes mover la pierna. Y no por el dolor, sino porque el músculo está en contracción y no lo permite. Aunque los calambres no doliesen lo más mínimo, LeBron probablemente no hubiese podido jugar. Los músculos, simplemente no respondían.

Tras el partido, el periodista Adrian Wojnarowski entrevistó a Isiah Thomas, esto es, el protagonista de una de las exhibiciones más espectaculares de la historia en lo que se refiere a jugar un partido clave lesionado, sobreponiéndose al dolor. ¿La respuesta de Thomas? Ni yo, ni Jordan ni nadie hubiese podido jugar en esas condiciones.

2) LeBron no estaba preparado para jugar en condiciones de calor. ¿Por qué si no veteranos como Duncan o Ray Allen no tuvieron problemas y él sí?

Lo divertido de esta crítica a las condiciones físicas de LeBron es que quizás venga de la misma gente que justifica su éxito como jugador justamente en lo espectacular de dichas condiciones físicas.

El tema de los calambres sigue siendo un tema en exploración por parte de los científicos, y al parecer no hay modo concluyente de evitarlos por completo. Y si lo hay, no es beber Gatorade, ni Powerade, ni granizados de limón con helado de vainilla. Que haya ciertos deportistas más propensos a padecer calambres tiene que ver, al parecer, con algo tan puntual como la concentración de sodio en su sudor corporal. Otros factores en este caso concreto parecen ser el volumen de masa muscular y la altura de LeBron, así como su estilo de juego tremendamente físico. Según parece, una vez que los calambres empiezan a aparecer, una parte importante de que desaparezcan es un periodo de descanso. Probablemente superior a un par de minutos.

En última instancia, lo de LeBron fue una tormenta perfecta de factores: su propia constitución física, el nivel de desgaste en su juego, las condiciones ambientales en el pabellón y, probablemente, pura y simple mala suerte. Nada de ello parece atribuible a la actitud del propio jugador. Fue simplemente un incidente desafortunado que nos privó de un final de partido más apretado, dándonos a cambio una cantidad brutal de chistes en las redes sociales tanto de buen como de mal gusto.

Siempre impresiona cuando LeBron no parece de adamantium.

Siempre impresiona cuando LeBron no parece de adamantium.

No es obligatorio que LeBron guste como jugador. No tiene nada de malo querer que Miami pierda estas Finales. Por ello, es comprensible que haya gente que se alegre cuando LeBron no juega a su máximo nivel. O, como en este caso prácticamente sin precedentes, cuando se pierde un final apretado por problemas físicos.

Ahora bien. Molaría bastante que algún día Miami pudiese perder un partido importante sin que esto se convirtiese en un spanking público a LeBron con argumentos tan malintencionados como débiles, tipo los que estamos pudiendo leer estos días.

Aunque sea por variar, que el tema ya cansa desde hace tiempo.

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