Tres mentiras estadísticas del baloncesto

Un conocido símil de dudoso origen que se ha hecho bastante famoso en el mundo del baloncesto afirma lo siguiente:

Las estadísticas son como los bikinis. Te dejan ver muchas cosas pero te ocultan lo más importante.

Lo interesante de la comparación anterior no es sólo que sea mentira (que lo es) sino que de hecho sucede justo lo contrario. Las estadísticas no te dejan ver prácticamente nada de la realidad, pero si están bien construidas sí que dejan traslucir algunas de sus cosas más importantes.

Un símil mucho más adecuado que todo el tema de los bikinis es decir que las estadísticas son como mapas. Mapas y estadísticas buscan representar una realidad compleja en unos pocos garabatos o números, y para hacerlo despojan a la realidad de toda su complejidad, centrándose en un grupo de pequeños detalles.

El mapa de la Tierra Media no muestra lo feos que son los orcos.

El mapa de la Tierra Media no muestra lo feos que son los orcos.

Es por ello que no tiene sentido incidir en que las estadísticas del baloncesto no reflejan por completo lo que sucede en la pista. Faltaría más. Los mapas tampoco describen el paisaje y nadie se queja.

En realidad, el problema con las estadísticas es otro: nuestro empeño en hacerles mentir poniendo en su boca cosas que no dicen. Contrariamente al dicho popular, las estadísticas no mienten. Somos nosotros quienes por lo general nos empeñamos en interpretarlas erróneamente a la hora de aplicarlas a nuestro mundo real. Y es que para sacarle utilidad a un mapa hay que saber (o querer) interpretarlo. O por lo menos estar seguro de que no estamos usando uno de Andalucía para orientarnos por Murcia.

Volviendo al baloncesto, hay ejemplos muy claros de “mentiras estadísticas” de ese segundo tipo. Esto es, de argumentos que utilizan una estadística concreta para sustentar una opinión, pero en los que la estadística usada en realidad no dice lo que se pretende.

Lo que sigue son tres mentiras estadísticas de este tipo que uno se encuentra con frecuencia en el mundo del baloncesto. Son a su vez tres ejemplos sencillos de la utilidad de lo que se conoce como “estadísticas avanzadas” en el baloncesto, por suerte cada vez más conocidas y utilizadas.

Los Nuggets de 1984 son el 2º equipo que más puntos ha anotado en una temporada, pero el número 92 en efectividad ofensiva.

Nuggets de 1984: el 2º equipo que más puntos ha anotado en una temporada, pero el 92º en efectividad ofensiva.

Mentira nº1: el mejor ataque es el que más puntos anota.

Un partido donde los dos equipos jueguen rápido tendrá muchas posesiones. Cada posesión es una oportunidad de anotar. Más oportunidades de anotar suelen llevar a más puntos. Así, un equipo que juegue rápido podría anotar 100 puntos en un partido yéndose de vacío en la mitad de sus ataques, mientras que un equipo que juegue muy lento podría quedarse en 90 puntos anotando prácticamente en todas sus posesiones. La estadística clásica (que aún sigue manejando la ACB, por ejemplo) dirá que el primer equipo tuvo mejor ataque que el segundo, pero es evidente que no es así.

¿Cómo se arregla esto? Pues considerando que el mejor ataque es aquel que más puntos anota por posesión. O para hacer el número más redondo, el que más puntos anota por cada 100 posesiones. Esto es lo que se conoce en la NBA como el “Offensive Rating”, y es la medida más adecuada para indicar cómo de efectivo es un equipo atacando el aro contrario.

Por ejemplo, los Minnesota Timberwolves son en la actualidad el tercer equipo que más puntos por partido anota en la NBA, con 105.7 por encuentro. Pero a eso ayuda (además de tener a Kevin Love) que son el segundo equipo que más rápido juega de la NBA (100.5 posesiones por partido). Sin embargo, el ataque de los Wolves cae fuera del Top 10 de los mejores ataques NBA a nivel de puntos anotados por cada 100 posesiones.

Obviamente, por analogía, la mejor defensa tampoco es la que menos puntos recibe, sino la que menos puntos recibe por cada 100 posesiones rivales (un índice conocido como el “Defensive Rating” del equipo).

Andre Drummond: el jugador número "uno romano" de los Pistons.

Andre Drummond: el jugador número “uno romano” de los Pistons.

Mentira nº2: el mejor reboteador es el que más rebotes coge.

Si se quiere medir la habilidad de un jugador o un equipo a la hora de coger rebotes, para empezar habrá que tener presente cuántos rebotes podría haber llegado a capturar.

Por ejemplo, los Philadelphia 76ers son el octavo equipo NBA (de 30) que más rebotes coge, y sin embargo ni siquiera coge la mitad de los rebotes disponibles en sus choques. El equipo rival coge más rebotes de media que ellos en cada partido.

Este tipo de situaciones también suceden al considerar jugadores y no equipos.

LaMarcus Aldridge es actualmente el sexto jugador de la NBA que más rebotes por partido captura: 11.1 por encuentro. Para ello hay dos factores que acuden en su ayuda. El primero, que la estrella de Portland está en pista 37 minutos por partido, el 12º jugador NBA en este aspecto. El segundo, que su equipo juega a un ritmo relativamente rápido y con una defensa especulativa (busca forzar fallos en el lanzamiento rival en vez de forzar pérdidas de balón). Portland es el equipo NBA que menos pérdidas de balón fuerza al rival, y está en el Top 5 de equipos que menos tiros libres conceden al atacante. ¿El resultado? Muchas oportunidades de capturar rebotes en el aro propio, pues la mayoría de las posesiones rivales acaban en tiro.

En pocas palabras: Aldridge está muy favorecido por el contexto a la hora de capturar rebotes, y cuando uno mira con algo más de cuidado los números, concluye que su capacidad reboteadora real no se corresponde a ese sexto puesto en rebotes totales.

¿Cómo se puede pues mejorar esta estadística? El modo habitual es considerar el “porcentaje reboteador” del jugador, una fórmula que modela “el porcentaje de rebotes que el jugador captura de entre todos los rebotes disponibles mientras está en la pista”. De este modo se premia a jugadores como Jordan Hill que capturan 8 rebotes en poco más de 20 minutos por partido, o como a Dwight Howard, que jugando un montón de minutos sí que consigue un alto porcentaje de los rebotes disponibles.

LaMarcus Aldridge captura el 16.8% de los rebotes disponibles mientras está en la pista. Un número fuera del Top 30 de la NBA de entre quienes juegan 15 minutos por partido o más, y muy lejos de los porcentajes de sus acompañantes en la tabla de líderes de rebotes por partido en la NBA. Por ejemplo, Kevin Love (20.7%), Dwight Howard (21.6%), Andre Drummond (22.3%) o DeMarcus Cousins (20.6%) tienen porcentajes reboteadores mucho mejores que Aldridge.

Para no haber metido nunca la mitad de sus lanzamientos, Ray tira bastante bien.

Para no haber metido nunca la mitad de sus lanzamientos, Ray tira bastante bien.

Mentira nº3: el tirador más efectivo es el que mejor porcentaje de tiro tiene.

El porcentaje de tiros de campo no está especialmente relacionado con cómo de buen tirador sea un jugador. Los grandes tiradores reciben mucha atención defensiva, por lo que lanzan muchos tiros forzados y su porcentaje a menudo no es bueno (Ray Allen, considerado por muchos el mejor tirador de la historia de la NBA, nunca ha llegado al 50% en tiros de campo en una temporada). En el extremo opuesto del espectro encontramos a pívots como DeAndre Jordan que sólo tiran cuando lo ven clarísimo y acaban por tanto con muy buen porcentaje de acierto.

Sin embargo, el porcentaje de tiro tanto de jugadores como de equipos es una de las estadísticas que más atención recibe. A fin de cuentas está midiendo la efectividad en el lanzamiento, esto es, con qué frecuencia los tiros del jugador o el equipo acaban cayendo dentro.

El problema es que el porcentaje de tiro no mide en realidad la efectividad del tiro.

Probablemente los dos mejores ala-pívots de la actualidad.

LaMarcus Aldridge y Kevin Love. La barba de Love mola mucho más.

De nuevo, LaMarcus Aldridge sirve como ejemplo. Aldridge lanza 20 tiros por partido con una efectividad del 48%, anotando 19.2 puntos a través de dichos lanzamientos (tiros libres aparte). Su gran rival para el trono de mejor ala-pívot del mundo, Kevin Love, lanza menos (18.5 tiros) con peor porcentaje (un 44.7%), pero saca los mismos 19.2 puntos que LaMarcus de dichos lanzamientos.

Es decir, Love es más efectivo que Aldridge (pese a tener peor porcentaje de tiro), ya que necesita menos tiros para anotar esos 19.2 puntos. ¿Cómo es esto posible? La razón es que Aldridge lanza casi todos sus tiros de dos, mientras que Love tira un tercio de los suyos desde más allá del triple.

La estadística adecuada para medir la efectividad en el tiro no es el porcentaje de tiros de campo, sino el conocido como “porcentaje de tiro efectivo” o “effective field goal percentage”, denotado como eFG%. Dicho porcentaje de tiro efectivo básicamente mide cuántos puntos anota un jugador por tiro de campo efectuado. Por ejemplo, un porcentaje de tiro efectivo del 50% corresponde a anotar 1 punto de media por tiro efectuado. Uno del 60% corresponde a 1.2 puntos por tiro, y así sucesivamente.

(Nota: el eFG% no es en realidad un porcentaje, pues puede ser superior al 100%. Por ejemplo, un jugador que anote sus 4 tiros en un partido, todos ellos triples, tendrá un porcentaje de tiro efectivo de 150%, el máximo posible).

Siguiendo con el ejemplo anterior, el porcentaje de tiro efectivo de LaMarcus Aldridge es un 48% (mismo que su porcentaje usual, pues no anota triples) mientras que el de Kevin Love es de 51.5%.

De nuevo, todo esto se aplica igualmente a equipos. Por ejemplo, los Lakers están en el puesto 21 (de 30) en la NBA en porcentaje de tiro de campo, pero cuando uno decide contar que los triples valen un punto más y utilizar por tanto el porcentaje de tiro efectivo, saltan al puesto 11 de la liga.

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Porcentaje reboteador, procentaje de tiro efectivo e índice de efectividad ofensiva son tres de las estadísticas avanzadas más básicas; la punta del iceberg de todo un universo matemático aplicado al baloncesto y, en última instancia, una herramienta para comprender mejor este deporte.

A fin de cuentas, el ganador de un partido de baloncesto no lo decide un jurado o el voto popular. El resultado de un partido es, a su manera, un tipo de estadística.

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9 thoughts on “Tres mentiras estadísticas del baloncesto

  1. Totalmente de acuerdo con el primer y segundo punto. El porcentage es siempre más clarificador que el total.
    Pero con el tercer punto, no lo veo tan claro. En este caso, valoraremos mucho más a un “triplista” que no lleve normalmente la ofensiva de un equipo (Korver, Matthews o incluso Calderón)a una primera opción (Durant, Curry, Nowitzki)que al fin y al cabo me parecen mejores tiradores. En este caso, tendríamos que mirar la “efectividad” de sus puntos (en que momento los meten, que diferencias hay en esos momentos…). Pero eso te lo dejo para otro artículo!
    Y como siempre, muy buena entrada, Pablo!

  2. Muy buen artículo y muy fácil de entender para los que no estén tan metidos en las estadísticas de la NBA.

    Por cierto, los mapas como el último de Goldsberry que has puesto son fabulosos, súper didácticos y fáciles de entender.

    Sigue así.

  3. Cuando tú dices que “el eFG% no es en realidad un porcentaje, pues puede ser superior al 100%. Por ejemplo, un jugador que anote sus 4 tiros en un partido, todos ellos triples, tendrá un porcentaje de tiro efectivo de 150%, el máximo posible”. No. El maximo porcentaje posible en este caso será el 300% (12/4).

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