Una inocente reflexión sobre los premios NBA

Mil doscientos treinta. Ese es el número de partidos que se juegan durante cada temporada regular NBA. 1230 partidos que básicamente sirven para decidir qué 16 equipos lucharán por el anillo, cómo serán sus emparejamientos y cuántas pelotitas tendrán el resto de equipos en el draft.

1230 son muchos partidos, y la mayoría de ellos sólo tienen una relevancia marginal a largo plazo. Es un curioso ejercicio mental pensar cuántos partidos de temporada regular han sido verdaderamente relevantes por razones que nada tengan que ver con aspectos estadísticos del juego, esto es, no considerando encuentros como el de los 81 puntos de Kobe. Salvo por algunas excepciones como el infame Pistons-Pacers de 2004, el de la batalla campal de Artest contra el Palace de Auburn Hill, no hay tantos.

Ante esta saturación de partidos, la NBA tiene un plan de marketing muy definido, basado en tres pilares:

  1. Amplia difusión de las imágenes con las jugadas más espectaculares o curiosas.
  2. Un tratamiento estadístico profundo de la liga, junto con una atractiva narrativa alrededor de ellas.
  3. La concesión de diversos galardones de fin de temporada, nuevamente mezclada con un cuidado discurso sobre la relevancia histórica de los mejores jugadores en base a ellos.
Mapas de tiro: un ejemplo de las mil estadísticas que nba.com ofrece.

Mapas de tiro: un ejemplo de las mil estadísticas que nba.com ofrece.

Entre estos premios de fin de temporada destacan los siguientes:

  1. MVP.
  2. Rookie del año.
  3. Entrenador del año.
  4. Jugador defensivo del año.
  5. Mejor sexto hombre.
  6. Jugador más mejorado.
  7. All-NBA teams: primer, segundo y tercer quinteto ideal.
  8. Primer y segundo quinteto ideal defensivo.
  9. Primer y segundo quinteto ideal de rookies.

Al examinar sin prejuicios la lista anterior, se aprecia que conviven en ella tres tipos distintos de premios.

Por un lado, hay galardones totalmente razonables como el MVP o los All-NBA teams. El premio al rookie del año es extraño de primeras, pero tiene todo el sentido del mundo en una liga como la NBA en la que hay que seguir un complicado proceso de ingreso via draft. Hacer, no obstante, dos quintetos ideales de rookies deja de tener sentido cuando se piensa que cada año sólo se elige a 60 jóvenes en el draft, y que la mayoría de ellos tienen un papel testimonial o directamente inexistente en sus equipos.

Por otra parte, en la lista anterior también hay premios que a simple vista tienen mucho sentido, pero tales que la elección de los premiados cada año suele ejercer de contraejemplo a esa misma primera impresión. Que Phil Jackson tenga los mismos premios a mejor entrenador del año que Mike Brown viene a ser como si Michael Jordan se hubiese retirado con los mismos MVPs que Vince Carter. Que Serge Ibaka estuviese a punto de ganar el premio al mejor defensor el año pasado, o que los Bucks estén haciendo campaña para que Larry Sanders lo gane este año, muestra a su vez cómo dicho galardón se basa excesivamente en estadísticas como tapones o robos de balón. Las defensas NBA son entes muy complejos, con principios distintos en cada equipo; hay que ser un experto de primer nivel para dominar toda esa sutileza, y que el mejor defensor del año sea elegido por un colectivo tan heterogéneo como el del periodismo deportivo no siempre parece buena idea.

Por contra, los quintetos defensivos son seleccionados por los entrenadores, los cuales, en plan Eurovisión, no pueden votar a jugadores de su mismo equipo. El año pasado los periodistas eligieron a Tyson Chandler como defensor del año, pero los entrenadores lo dejaron fuera del quinteto defensivo ideal, escogiendo a Dwight Howard en su lugar. A priori uno tendría la impresión de que, como los entrenadores entienden más los complejos entresijos defensivos del juego, su opinión debería tener más peso. En la práctica, el año pasado ocurrieron las siguientes cosas en la votación para los All-Defense Teams: (1) Un entrenador votó a Derrick Rose pese a haberse perdido más del 40% de los partidos de la temporada y no estar ni entre los 4 mejores defensores de su equipo. (2) Un entrenador votó en plan troll (esperemos) a Carlos Boozer, uno de los más tróspidos defensores interiores de la liga. (3) Kobe Bryant fue elegido en el segundo quinteto defensivo ideal de la liga, pese al enorme bajón que ha dado su defensa en los últimos dos años. A este respecto, conviene citar esta reciente carta abierta a Kobe Bryant sobre su defensa escrita por Zach Lowe, uno de los analistas NBA estadounidenses más prestigiosos. En dicha carta, Lowe escribió lo siguiente:

Si Bryant acaba en el primer o segundo equipo defensivo de nuevo esta temporada, voy a ignorar oficialmente este honor de manera indefinida a la hora de evaluar el status de un jugador y los logros de su carrera. Ya no habrá más “El jugador X tiene 7 apariciones en el primer quinteto defensivo” en este espacio para justificar el lugar de un jugador en la jerarquía NBA. Bryant no es el primer jugador que acapara sin esfuerzo apariciones en el All-Defense Team sólo por su reputación, pero si lo consigue de nuevo esta temporada, sería su aparición más flagrante, y una de las más flagrantes en la historia de la liga. Ya es probablemente el momento de ignorar este tipo de honores, pues Carlos Boozer recibió el año pasado lo que espero que fuese un voto por error, pero una elección de Bryant este año lo haría oficial.

Por otra parte, Kobe ha venido mostrando en el último tramo de temporada una mayor actividad defensiva, especialmente en el uno contra uno. Y realizó la jugada defensiva más famosa de la temporada, al taponar a LeBron en el All-Star game. Nada es descartable.

No hay muchos defensores exteriores mejores que Avery Bradley en la NBA.

No hay muchos defensores exteriores mejores que Avery Bradley en la NBA.

Finalmente, en un tercer nivel tenemos dos premios bastante frikis.

Para empezar, el premio al mejor sexto hombre dejó de tener sentido desde hace tiempo. Los equipos NBA han descubierto que no siempre es buena idea poner de inicio a sus mejores cinco jugadores; así, el hecho de iniciar el partido jugando o sentado en el banquillo no depende tanto del jugador como de la estrategia general del entrenador a la hora de encarar un partido.  ¿Qué significaría exactamente que J.R. Smith ganase el premio al mejor sexto hombre este año, más allá de que su entrenador prefiere dejarlo en el banquillo de inicio y que empiece en su lugar básicamente cualquiera? Smith no sólo se juega todos los finales apretados de los Knicks, sino que con frecuencia se tira las posesiones clave. No es un suplente real en ningún aspecto. Igual que Harden el año pasado. ¿De verdad se necesita un premio para esto?

El premio al jugador más mejorado es aún más friki. De hecho nadie sabe muy bien qué valorar. ¿Se debe otorgar a un buen jugador convertido en estrella, tipo Harden o, en menor medida Paul George? ¿A un jugador que pasa de no jugar a hacerlo con buen rendimiento, tipo Earl Clark? ¿A uno que doblando minutos triplica su producción de un año a otro, tipo Larry Sanders? ¿O a un jugador que con un poco más de tiempo de juego ha subido enormemente sus prestaciones, tipo Jrue Holiday? ¿En serio tiene sentido tener un premio que mida algo tan difuso?

El año pasado Harden ganó el premio al mejor sexto hombre. ¿Ganará este año el Most Improved Player?

El año pasado Harden ganó el premio al mejor sexto hombre. ¿Ganará este año el Most Improved Player?

Por supuesto, estos premios, digamos creativos, nos permiten tener discusiones más variadas, desde ángulos menos manidos, y al tiempo bien enfocadas hacia un tema. Son un plus, y un gran ejemplo de cómo la NBA promociona su producto. Pero de nuevo, si uno lo piensa desde cero, esos últimos dos premios tienen tanta razón de ser como los siguientes:

  1. Premio al mejor sexto hombre real, esto es, al jugador al que su entrenador suele dejar en el banquillo en cada final apretado. Tiene mucho más sentido que el premio al sexto hombre actual. Y las estadísticas que nba.com proporciona sobre el clutch (menos de 5 minutos para el final, marcador con menos de 5 puntos de diferencia) centrarían fantásticamente el debate. Por ejemplo, J.R. Smith ha jugado 125 de los 130 minutos clutch de los Knicks este año, y de ningún modo calificaría para esto. Sin embargo Splitter ha jugado bastante menos de la mitad de los minutos clutch de San Antonio, pese a ser titular y a los descansos de Popovich a Duncan.
  2. Premio al jugador que mejor rendimiento ha dado con respecto al sueldo que cobra. Por ejemplo: Chandler Parsons cobra como 10 veces menos que Gerald Wallace. Ya que cobra poco, estaría bien que al menos optase a algún premio. Y si el premio llevase asociado un cheque, mucho mejor.
  3. Premio Shane Battier al jugador cuyas estadísticas no son capaces de reflejar su importancia para el equipo.
  4. Premio Robert Horry al jugador más decisivo en las posesiones clave de un final apretado. De nuevo, las estadísticas “clutch” disponibles en nba.com darían mucho juego. Que Kobe siga obteniendo votos como All-Defense sugiere que el resultado de este premio estaría cantado hasta su retirada.
  5. Premio al mejor jugador veterano de la liga. Sería un premio de esos que le gustan a la liga por su indefinición, muy en la onda del Most Improved Player. ¿Qué significa “veterano”? ¿Hace referencia a edad o a temporadas en la liga? ¿Se debe votar a un jugador tipo Jason Kidd que sigue siendo importante con 40 años, o a alguien como Tim Duncan que sigue siendo una estrella con 36 años?
  6. Premio al mejor agente de jugadores. Si hay un premio al mejor General Manager, este es el siguiente paso. Oye, que tiene mérito que la gente siga pagándole millones a Kwame Brown cada verano.

Este sexto premio es broma, pero los otros cinco podrían ir en serio. Darían lugar a discusiones interesantes desde perspectivas diversas, ayudarían a vender la larguísima temporada regular NBA, y tienen el mismo sentido (o más, en algún caso) que los actuales premios al mejor sexto hombre y al jugador más mejorado. De modo más general, cualquier premio que pudiese acabar dando como ganador a Reggie Evans, DeMarcus Cousins, Josh Smith, Jordan Crawford o Corey Brewer haría sin duda más interesante la Regular Season.

En última instancia, llegado abril lo relevante sobre los galardones NBA es quién será el MVP, quiénes integrarán los All-NBA teams, y después el resto. Aunque el resto consista en algo tan divertido como premiar a J.R. Smith, a Jamal Crawford o a Tony Allen.

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3 thoughts on “Una inocente reflexión sobre los premios NBA

  1. Pingback: Una inocente reflexión sobre los premios NBA | Artículos de Basket

  2. Hola Pablo,
    muy interesante tu blog, te voy a ir leyendo y si quieres intercambiaremos alguna opinión, pero por lo que veo va a ser muy divertido.
    Un saludo y felicidades

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