De cómo los Sonics se convirtieron en los Thunder

Los Seattle Supersonics fueron uno de los equipos más atractivos de la NBA durante muchos años. Jugaban en un ciudad de gran relevancia cultural, tenían un nombre llamativo, una equipación fantástica, y formaron varios equipos relevantes a lo largo de sus 40 años.


Esta es la historia de por qué los Seattle Supersonics ya no existen, y del origen de los Oklahoma City Thunder.

La franquicia de Seattle inició su andadura en la NBA en 1967. Su momento de gloria llegó en la temporada 1979, donde ganaron su único anillo con un gran equipo donde jugaban Dennis Johnson (MVP de las finales), Jack Sigma o Fred Brown.

Aunque los Sonics pasaron la primera mitad de los años 80 sin pena ni gloria, hacia el final de esta década tenían un equipo competitivo y atractivo liderado por Dale Ellis, Xavier McDaniel y Tom Chambers. Cómo podía no gustarte en los 80 un equipo que se llamaba “Supersonics” con un ala-pivot que parecía un cantante country, uno de los tiradores más elegantes que haya dado la liga, y un poderoso alero al que apodaban The X-Man en esa época de apogeo de los cómics de mutantes.

La segunda etapa de relevancia Sonic tuvo lugar a mediados de la década de los 90, de la mano de Gary Payton y Shawn Kemp. Durante varias temporadas los Sonics encadenaron 50 (y a veces 60) victorias en fase regular, y llegaron a las Finales en el año 1996, perdiendo contra Jordan y sus Bulls por 4 a 2.

Tras este breve periodo, los Sonics pasaron casi diez años en el purgatorio NBA de las 30-40 victorias. Fueron equipos competitivos alrededor de Payton primero y Ray Allen después, que entraban año sí, año no en playoffs pero no podían competir con los Juggernauts que pupulaban por el Oeste -véase Spurs, San Antonio-. Por otro lado no eran lo bastante malos como para tener elecciones altas de draft, por lo que tampoco conseguían cazar a los mejores rookies.

Y aquí empieza nuestra historia.

En 2006 el estadio de Seattle, el Key Arena, necesitaba una importante remodelación. El entonces propietario de los Sonics, Howard Schultz buscó financiación pública del estado de Washington para realizar dichas reformas. Tocó hueso. Washington State ya había pagado una importante cantidad en una historia similar con los Seattle Mariners de baseball unos años atrás, y los políticos no estaban por la labor de destinar fondos públicos al enriquecimiento particular de algunos millonarios.

La situación de repente se volvió crítica. Los Sonics tenían firmado un acuerdo para usar este estadio hasta 2010, pero no más allá. Ante esto, Schultz decide vender la franquicia. El comprador es un grupo de inversores liderados por un empresario llamado Clay Bennett.

¿Sabéis de dónde era original Bennett?

¡Bingo!

De Oklahoma City.

Al poco de adquirir a los Sonics, Bennett comenzó a negociar muy duramente con el estado de Washington: o bien construían un nuevo estadio para el equipo -500 millones de dólares sacados de los impuestos de los ciudadanos-, o bien se llevaba la franquicia a otra ciudad.

En pocas palabras: Bennett tenía secuestrados a los Sonics y pedía un rescate de 500 millones de dólares si la ciudad de Seattle quería volver a verlos.

Desde nuestra experiencia, esto puede sonar increíble. ¿Podría Florentino Pérez llevarse el Real Madrid a, por ejemplo, Gran Canaria? Pero en este caso Bennett podía hacerlo con dos condiciones: (1) que acabase primero el contrato que lo ligaba a Seattle -hasta 2010- y (2) que la NBA aprobase el traslado.

¿Qué ocurría mientras tanto en Oklahoma City?

En 2005 el huracán Katrina barrió la ciudad de Nueva Orleans. Esto es, la cuidad donde jugaban los Hornets. Durante las dos temporadas siguientes, la NBA decidió trasladar los partidos como locales de los Hornets a Oklahoma City mientras Nueva Orleans se reconstruía. Oklahoma se volcó con el equipo desplazado, dando una gran muestra de pasión por el baloncesto.

La franquicia Hornet volvería a Nueva Orleans la temporada 2007-08, donde sigue hasta la fecha.

Pero volvamos a Seattle.

Antes de empezar la temporada 2007/08 hubo dos grandes movimientos en la plantilla de los Seattle Supersonics. Uno de ellos fue la incorporación del número 2 del draft de 2007: un chaval flacucho de increíble talento llamado Kevin Durant. El otro gran movimiento fue el traspaso de Ray Allen, su mejor jugador, a los Boston Celtics.

Cuando un equipo está, como estaban los Sonics, en el purgatorio NBA, sólo hay dos vías para escapar: hacia arriba o hacia abajo. Seattle eligió escapar hacia abajo. Deshizo el equipo, ganó sólo 20 partidos en la temporada 2007-08 pese a Durant, y volvió a jugársela en la lotería del draft.

De nuevo le salió bien. En el draft de 2008 seleccionaron a Russell Westbrook (número 4) y a Serge Ibaka (número 24).

Pero para ese entonces, la suerte de Seattle estaba echada.

Al inicio de la temporada 2007-08, el propietario de los Sonics Clay Bennett anunció que trasladaría la franquicia a Oklahoma City en cuanto expirase su contrato de explotación con el Key Arena, en 2010. Varios grupos de inversores de Seattle, incluido el anterior propietario, trataron de recomprar la franquicia a Bennett, pero éste respondió que no estaba en venta.

Unos meses después, Oklahoma City aprobaba renovar el estadio de la ciudad, el Ford Center, por 120 millones de dólares, para poder acoger a un equipo NBA. Los Hornets habían dejado huella en esta ciudad, y Bennett iba a aprovecharlo.

Pero para poder realizar el traslado, Bennett necesitaba el visto bueno del resto de propietarios de equipos NBA.

En Abril de 2008 la NBA votó a favor del traslado de la franquicia desde Seattle hasta Oklahoma City. Uno de los motivos principales fue la excepcional acogida de los aficionados a los Hornets tres años antes. Sólo Mark Cuban (Dallas) y Paul Allen (Portland) votaron en contra.

Finalmente, en junio de 2008 el grupo de Clay Bennett llegó a un acuerdo con la ciudad de Seattle que les eximía de seguir jugando en el Key Arena hasta 2010. Como penalización, el grupo tendría que realizar diversos pagos millonarios a la ciudad.

Los Oklahoma City Thunder habían nacido.

Seattle se quedaba sin equipo de baloncesto. Uno de los equipos emblemáticos de la NBA desaparecía por motivos ajenos a lo que ocurría entre las dos canastas. Muchos fans de Seattle eran desposeidos de su equipo de toda la vida.

No obstante, Seattle consiguió tres importantes victorias en estas negociaciones. Importantes, sobre todo, para los fans de los Sonics en la ciudad:

  1. Todos los objetos históricos de los Sonics -trofeos, estandartes, dorsales retirados, etc.- permanecerían en Seattle.
  2. El equipo de Oklahoma City no podría usar ni el nombre ni los colores de los Seattle Supersonics.
  3. El nombre Seattle Supersonics sería heredado por la siguiente franquicia que decidiese asentarse en la ciudad de Seattle. En ese caso, el legado de los antiguos Sonics se consideraría historia común tanto de los Oklahoma City Thunder como de estos “nuevos Supersonics”.

Durante estos días los Oklahoma City Thunder jugarán sus primeras finales NBA. De aquellos Sonics, sólo quedan en la plantilla Thunder Kevin Durant y Nick Collison.

En Seattle muchos aficionados verán las Finales pensando que deberían ser los Supersonics quienes las estuviesen disputando. Y soñando con que en unos pocos años el verde, blanco y amarillo de los Sonics esté de nuevo circulando por las canchas NBA.

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Aclaración: La historia del final de los Sonics es mucho más compleja de lo que el resumen anterior sugiere, y está llena de graves acusaciones cruzadas entre los propietarios, los antiguos propietarios, los aficionados y los políticos. En esta  sinopsis me he restringido principalmente a la información disponible en los archivos online de ESPN y el New York Times, en varias páginas de la Wikipedia y en diversos artículos locales de Seattle sobre el problema. Los que quieran profundizar en el impacto de la desaparición de los Sonics desde una perspectiva del fan de Seattle pueden consultar:

  1. Esta columna de Bill Simmons para la ESPN, donde da voz a los fans de los Sonics para que expresen su dolor y frustración.
  2. El premiado documental Sonicsgate: Requiem for a Team.
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4 thoughts on “De cómo los Sonics se convirtieron en los Thunder

  1. Pingback: 365 noches de basket | Noches de basket

  2. Increíble. Soy de Argentina y durante los años ’90 todos eran fanáticos de los Bulls. Pero yo me hice fan De los Sonics. Fue muy triste cómo desaparecieron. Gracias por la historia

  3. Pingback: XXVI. Seattle como amenaza y esperanza - NBA Sunday

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