El desencanto de LeBron

La madrugada del jueves al viernes me pilló en una mini-estancia de investigación en la Universidad de Granada, colaborando con un importante matemático de la Universidad de Massachussets. El mismo matemático al que visité hace varios meses en su universidad, y con el que me tomé una tarde libre para ir al TD Garden a ver a los Boston Celtics enfrentarse a los Jazz de Utah.

Allí en Granada estuvimos recordando el partido al que asistimos juntos. Él no había ido a un partido de baloncesto desde hacía 40 años, sólo conocía a los Celtics de nombre, pero aun así la camiseta que escogió para llevarle a su hijo tras el partido en la tienda del Garden fue una con el 33 de Larry Bird. Esto dio dio lugar a la siguiente conversación:

Yo: Oh, very nice T-shirt, are you a Larry Bird fan?

Él: Larry Who?

Aun así, este profesor recordaba perfectamente muchísimos detalles del partido, y comentaba que el jugador que más le impactó fue Rajon Rondo. Como buen matemático se acordaba de su dorsal (el 9) pero no de su nombre. Así que, por supuesto, le dije “pues ahora mismo debe de haber una locura colectiva en Boston sobre los Celtics. ¡Están a un partido de alcanzar las Finales de la NBA! ¡Y juegan esta noche!”

El problema para mí era que jugaban a las 2:30h hora española, tras un día de trabajo agotador, y esta vez yo no contaba con el reloj biológico que despierta a mi hijo de año y medio hacia las 3 y media cada madrugada como ayuda para levantarme y verlo.

Pero yo tampoco duermo bien en hoteles, así que a las 4 de la madugada estaba delante del televisor de mi habitación, aprovechando el Canal+ del hotel y viendo cómo LeBron jugaba como nunca, y cómo los Celtics parecían los de antes del All-Star.

Y lo de que LeBron jugó como nunca merece una explicación.

No es sólo los 45 puntos, 15 rebotes, 5 asistencias, con más del 70% de efectividad en el tiro. A fin de cuentas, estamos hablando del mejor jugador del mundo, y quizás uno de los 15-20 mejores en la historia de este deporte.

Lo que me dejó más impresionado del partido de LeBron fue su actitud. Su falta de gestos. Su poca interacción con sus compañeros. Su total y absoluta concentración en su juego.

Tiro. Dentro. Tiro. Dentro. Tiro. Dentro. Y vuelta a empezar.

LeBron fue un cyborg todo el partido. Precisión milimétrica para diseccionar la defensa Celtic. Intensidad tan tremenda como perfectamente controlada. Un tiro en suspensión que entraba sin tocar el aro una y otra vez.

Nunca había visto jugar a LeBron así, con esa frialdad.

LeBron lleva muchos años en la NBA. Siempre ha sido diseccionado hasta la saciedad, pero desde que se unió a Wade y Bosh es analizado hasta el disparate. Ahora mismo, no sabría decir un jugador al que tanto la prensa como los aficionados hayan tratado de modo más injusto.

Por ejemplo, tras este 6º partido de la serie se podían escuchar y leer comentarios como “Es una lástima que LeBron no juegue así de manera regular”.

¿En serio?

Los números que hizo LeBron en este partido no se habían visto en una cancha NBA desde Wilt Chamberlain. Ya sabéis, aquel gigante capaz de meter 100 puntos en un partido, coger 55 rebotes en otro, o “actuar” en Conan El Destructor al lado de Schwarzenegger.

Todo este escrutinio deja huella. Sobre todo en alguien como LeBron, que se propulsa con la interacción del público. Que busca no sólo ganar, sino también asombrar y entretener a quienes presencian sus partidos.

Así, este jueves LeBron se encontraba 3-2 abajo en la eliminatoria, con el factor campo favorable a Boston. El mundillo NBA esperaba -e incluso parecería que deseaba– otro fracaso de LeBron en su búsqueda del anillo. Las narrativas a escribir ante este fracaso empezaban a cobrar forma incluso antes del salto inicial.

¿Cómo reaccionó LeBron a toda esta presión?

Personalmente, lo que yo vi sólo podría describirlo con una palabra: desencanto. Desencanto ante la espectativa popular de su fracaso. Desencanto ante el cansancio de desear lo mismo año tras año, y ver cómo una vez más parece escaparse entre los dedos.

Y la sensación que me produjo el partido fue que ese desencanto actuó como punto de apoyo para eliminar la presión, permitiéndole relajarse y jugar uno de los partidos de su vida.

¿Recordáis esa gran película llamada “Cadena Perpetua”? Una de las mejores películas de los años 90, que no tuvo la oscarización que merecía porque en su mismo año Tom Hanks interpretó a Forrest Gump y Tarantino creó Pulp Fiction.

Pues bien, en esa película (spoiler alert!) Morgan Freeman es un preso condenado a cadena perpetua, que cada año debe convencer a una comisión de expertos de que está rehabilitado y merece volver a la calle. Y cada año fracasa, a pesar de sus intentos. Finalmente, tras todos los sucesos dramáticos de la película, Freeman vuelve a encontrarse con esta comisión. En ese momento cambia su discurso. Ya no está actuando para ellos. Está hablando para sí mismo. El desencanto se filtra por la voz de Freeman.

Y esa vez, la comisión de expertos decide por fin concederle la libertad condicional.

¿Pararán las críticas más absurdas si -como Nowtizki el año pasado- LeBron consigue el anillo en el futuro próximo?

Es difícil decirlo.

La narrativa NBA ha decidido crucificar a LeBron de tantas maneras, tanto justificadas como disparatadas, que uno no puede evitar pensar si el legado de LeBron en última instancia no estará ligado a los MVPs que consiga o los anillos que adornen sus dedos cuando se retire, sino a nuestra capacidad de cambiar nuestros prejuicios sobre su figura.

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2 thoughts on “El desencanto de LeBron

  1. A mi también me llama la atención el “odio popular” que le tienen a Lebron James, sin tener muy claro el porqué. No me parece más vacilón que otros jugadores, y creo que es uno de los mejores jugadores en la actualidad para jugarse el último tiro. Y tres MVP.

    Y sobre la final NBA, ¿qué?

    • Sobre la final, yo creo que Miami va a jugar mucho con Chalmers-Wade-Battier-LeBron-Bosh, lo cual crea un problema a Oklahoma, porque Ibaka no podrá defender cerca del aro.

      Pero Miami va a tener difícil parar simultáneamente a Westbrook-Harden-Durant.

      Yo creo que esta final la ganará el que más puntos fáciles consiga (contraataques, tiros de tres puntos, tiros libres).

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