Llueven ranas en las finales de conferencia

Hace menos de una semana todo era normal en el mundillo NBA. El sol salía por el este, las pompas de jabón eran esféricas, y caían gotas de agua cuando llovía. Los Heat machacaban a unos Celtics cansados y maltratados por las lesiones, mientras que los Spurs ganaban otro partido más -el número 20 consecutivo-, se colocaban 2-0 ante la joven escuadra Thunder, y seguían su camino hacia el mausoleo de los mejores equipos de la historia.

Unos días después los Thunder dominaban 3-2 a los Spurs tras inflingirles tres derrotas seguidas.

Unos días después los Celtics empataban a 2 su serie con Miami, y parecían estar de vuelta en los Playoffs de 2010. O de 2008, el año del anillo del Big Three celta.

De repente ya nadie sabía por dónde saldrá el sol.  De repente las pompas de jabón podían ser cúbicas.

De repente, llovían ranas.

Y las ranas más gordas caían sobre los Celtics.

LeBron James ha confesado varias veces cómo la formación del Big Three de Boston en 2008 actuó como inspiración para su asociación con Wade y Bosh en la búsqueda del anillo. Sí, ese mismo Big Three que frustró sus esperanzas mientras jugaba en Cleveland.

Así, cuando el año pasado los Heat se imponían por 4-1 a los Celtics en las semifinales de conferencia, LeBron lo celebraba de rodillas sobre el parquet como si acabase de ganar las Finales. Un símbolo de su respeto al gran equipo de Boston.

No obstante, la eliminatoria Heat-Celtics del año pasado nos dejó a todos con la sensación de un gran what-if, pues Rajon Rondo jugó manco la mitad de la serie tras dislocarse el codo en una desafortunada caída enredado con Dwyane Wade.

¿Habría sido el resultado distinto si Rondo hubiese jugado con 2 codos? Los dioses del baloncesto han decidido darnos otra serie Miami-Boston para que salgamos de dudas.

Pero tras lo que se vio en el primer partido -victoria contundente de Miami y un equipo de Boston abrumado- no parecía que las circunstancias fuesen las propicias para una gran serie. Personalmente, veía a los Heat demasiado superiores.

Un gran error. Nunca des por muerto a un equipo campeón.

Las ranas empezaron a llover el miércoles pasado, cuando en el segundo partido de la serie Miami y Boston nos brindaron el mejor partido en lo que llevamos de Playoffs. Los Celtics jugaron a la altura de sus mejores actuaciones, tras la estela de la espectacular actuación de Rajon Rondo.

Bueno, espectacular no. Absurda. Épica. 44 puntos, 10 asistencias y 8 rebotes con porcentajes brutales. Rondo jugó todos los minutos del partido, incluyendo la prórroga, y se hinchó a clavar suspensiones de media y larga distancia como si de Steve Nash se tratase.

Todo fue insuficiente. LeBron se cascó otro partidazo -que pasó casi inadvertido, tanto por lo grande de la gesta de Rondo como por lo acostumbrado que estamos a cómo LeBron domina el juego-, y Miami se llevó el partido en la prórroga.

El mejor partido de los Playoffs servía a los Heat para ponerse 2-0, y para romper las esperanzas de los seguidores Celtic. Su equipo había jugado como en las grandes ocasiones y no había sido suficiente.

Muchos pensamos que esta había sido la gran oportunidad de Boston, y que había pasado. Muchos veíamos venir un final rápido a la serie.

Y de nuevo, muchos estábamos equivocados. Muchos parecemos no aprender.

Al parecer, los Celtics son demasiado orgullosos para caer tan rápido. O quizás odian demasiado a los Heat para no presentarles batalla. O quizás son, simplemente, demasiado buenos.

Según la ley estadística de la regresión, era altamente improbable que Rondo volviese a cascarse un partido de la increíble efectividad del Game 2. Pero como @jose13bis —autor del blog «Una butaca del Garden»— comentaba en Twitter, los Celtics no necesitan que Rondo anote 40 puntos. Necesitan que Rondo controle el tempo del partido, que haga jugar a sus compañeros y que domine el juego.

Y que corra, aunque sea él solo, a la búsqueda de puntos fáciles, añado yo. Porque esta parece una de las grandes claves de la serie: la capacidad de los equipos de generar puntos en transición, a la vista de lo caros que están los puntos en estático.

Pues bien, en los partidos 3 y 4, en el Garden y al amparo de su público, el Big Four volvió a ser el de los años pares (2008, 2010). Rondo campaba a sus anchas por la pista, metiendo canastas en transición decisivas. Paul Pierce se echaba el equipo a sus espaldas una y otra vez con sus tiros y penetraciones, mostrando una intensidad que le acababa eliminando por personales en varias ocasiones.

Ray Allen se olvidaba de su tobillo y empezaba de nuevo a correr de un lado al otro entre los bloqueos, y a meter triples. Para la memoria de nuestra retina queda verlo clavar un mate en tráfico en el Game 3, pese a su edad y su tobillo. ¡Jesus Shuttlesworth ha vuelto!

Y Kevin Garnett se convertía en la pesadilla de costumbre para los rivales. En ataque, pero sobre todo en defensa. Cualquier cosa que Miami intentase cerca del aro acababa con Garnett enmedio desbaratándola.

El equipo Celtic siempre ha sabido que podía derrotar a Miami.

Ahora yo también lo sé.

Las próximas ranas que lluevan no caerán sobre mi cabeza.

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